
Cuando construimos un edificio, comenzamos desde cero.
Supongamos que tenemos que realizar el mismo proceso para la construcción de nuestra vida feliz, serena y plena, debemos partir de la construcción de nuestra base: el amor a nosotros mismos. Porque cuando nos amamos tomamos mejores decisiones y nuestra vida se ve afectada positivamente.
Autoestima es uno de esos términos que tiene un amplio espectro de interpretación colectiva, tanto como sinónimo de egoísmo como cuando escuchamos “está lleno de sí mismo” y de crecimiento interior. Por tanto, el primer paso es intentar comprender qué es la autoestima. Me gusta definirlo como el valor que sentimos que tenemos, la imagen y conciencia que tenemos de nosotros mismos, así como el juicio que damos de nosotros mismos después de compararnos con los demás, con el entorno en el que vivimos y crecemos y luego de informar que comparamos los resultados obtenidos con los esperados y deseados.
Por tanto, es de fundamental importancia detenernos un segundo en la vida cotidiana para comprender si la imagen que nos hemos construido de nosotros mismos no está distorsionada por las llamadas “distorsiones cognitivas” o contexto social.
En particular es interesante un estudio realizado por Sacco y Beck en 1985 donde destacaron cómo las ideas que hicimos de nosotros son, en la mayoría de los casos, el resultado de una comparación no basada en hechos reales, a veces enfocada en pequeños eventos negativos. que se magnifican al sobrepasar el potencial expresado en otras ocasiones. De esta manera la “autoestima” de uno se ve empañada debido al sentimiento de culpa por un solo hecho ocurrido.
Así que ¿cómo se hace?

Obviamente parece sencillo decir “no lo pienses” pero el secreto está todo ahí, trata de centrarte en lo bueno y agradable que hiciste en los momentos previos al evento o en el potencial que tienes y cómo lo expresaste, un Una técnica muy eficaz es el autodiálogo o entrenamiento autógeno, que en mi opinión debe ser seguido por un especialista, pero que dan resultados fenomenales.
Para profundizar aún más en el tema, una línea de distinción se centra en la presencia de dos yoes, el yo ideal y el yo real.
El primero representa todo lo que nos gustaría ser y el segundo, por otro lado, representa lo que realmente somos. Cuanto mayor es la distancia y la discrepancia entre los dos, menor es la autoestima. Mientras más hayamos logrado los resultados idealizados y las metas que nos hemos marcado, más satisfechos estaremos de nosotros mismos con el consecuente aumento de los niveles de autoestima.
Tener una alta autoestima no significa tener la garantía de éxito sino tener la capacidad de reconocer las áreas de mejora y las áreas en las que tenemos las habilidades necesarias para triunfar y, en el primer caso, comprometernos a ser siempre, cada día un poco más, la mejor versión de nosotros mismos. Muchas veces somos nuestros peores jueces lidiando con esa incesante voz interior que continuamente nos repite lo poco que valemos y cuántos y qué errores hemos cometido.
En casos como estos sería útil responder a la vocecita con pensamientos empoderadores en lugar de limitantes. Intentemos juntos comenzar a aumentar nuestra autoestima: establezcamos una meta; si es desafiante, dividámoslo en subobjetivos menores; definimos para cada
Paso las acciones para ponerlas en práctica y, una vez terminadas, revisemos y hagamos un pequeño obsequio porque los éxitos, grandes o pequeños, siempre hay que celebrarlos.
De esta manera, inmediatamente nos sentiremos especiales y sentiremos que valemos un poco más.
Escrito: Doctora Daiana COCO (https://www.facebook.com/daianacoco.tsd)
Traducido: Doctora Michele Das Neves(fb Dott.ssa michele das neves)
